Al Presidente

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Manuel Fermín
yveprats@gmail.com

 La idea de es­cribir es­ta opinión es porque creo sinceramen­te que el presidente Abi­nader arruina la idea del buen modelo que ha es­cogido para su gobier­no cuando persiste en el error de mantener un nombramiento violan­do la ley que rige para INAPA.

Esta actitud le pone ri­gidez y obstinación ante las exigencias del cam­bio. Asimismo siguen de­signaciones de familiares influyentes del PRM en cargos que lucen propios del favoritismo político como si poder y gloria le parecen sus propiedades.

El Presidente tiene que emanciparse de esas tu­telas de familias políticas porque el Gobierno pier­de credibilidad, se debi­lita la fuerza moral de la administración, el terre­no sólido en el que de­be sostenerse su gestión tan esperanzadora… Ya se registran varios casos entre ellos uno que pone sobre la escena tres pro­tagonistas de una fami­lia en la que madre, hijo y nuera se aseguran ingre­sos por salarios de más de un millón de pesos mensuales.

La reestructuración del Estado es tímida (Con­sejos, Instituciones, un gasto todavía excesivo por cargos repetidos,…). Es decir, una austeridad muy tímida que genera desconfianza.

Evite que su gobier­no se embarace del tute­laje político para preser­var su estabilidad. Es del pensamiento de don San­tiago Ramón y Cajal que “lo peor de un error no es cometerlo, sino persistir en él”. Pienso que es pru­dente seguir su consejo. Así, pues, es preciso con­siderar como significati­vo que todo mandatario debe evitar estas precau­ciones y ser más cauto porque resultan desas­trosas para el Gobierno y para la República. Una de las razones más pode­rosas para que la gestión gubernativa del “danilis­mo” se vea tan cuestiona­da se debe al comporta­miento de un poder que ocultaba mediante su si­lencio las agresiones con­tra la Hacienda.

Una gestión que obtu­vo partido de la impuni­dad que se manifestó con un poder corrompido. Cuando la máxima ex­presión y representación del poder se convierte en el garante de estas exac­ciones es como comien­za la deriva, y eso no qui­siéramos que le suceda al nuevo gobierno por­que sería un doble degra­dado. Cabe el asombro, pues es como darle vida a un comportamiento de la facción política recien­temente arrojada del po­der. Por ello son nuestras advertencias, para que el Presidente pueda ejecu­tar su “humanismo po­lítico”, es decir, darle un sentido racional y huma­no a lo público con una visión de pulcritud, que es como proporcionar una fuente de autoridad moral.

Su propio padre estu­vo anclado a ese estilo de gestionar el poder siendo un servidor público que tuvo un eminente sentido de estas conductas pun­to esencial entre la activi­dad privada y la función pública.

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