Camino a lo que será, sin dudas, la boda del año

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Ella, estadounidense y exactriz. Él, quinto en la línea de sucesión de la realeza inglesa. Meghan Markle y el príncipe Harry se darán el “sí quiero” el próximo 19 de mayo. La carismática pareja se conoció en el 2016 a través de un amigo en común.

Tardaron poco en confirmar su relación, debido a la exposición continua de ambos en la prensa, que hizo que no pudieran seguir negando lo evidente.

Un año más tarde, en noviembre de 2017, confirmaron su compromiso ante las cámaras y esta primavera tendrá lugar la ceremonia. Se oficiará en la capilla de San Jorge del Castillo de Windsor, en el Condado de Berkshire, que se encuentra a una hora al oeste de Londres.

Residencia real. Ambos ya viven en el Palacio de Kensington de la capital británica, junto con los duques de Cambridge y la princesa Eugenia de York y su prometido Jack Brooksbank. El palacio se encuentra en uno de los barrios más caros del mundo, fue construido en el siglo XVII y siempre ha estado ligado a la monarquía británica. Aquí, nació la reina Victoria y vivieron Lady Di y el príncipe de Gales.

Según informa la revista española “¡Hola!”, la casa de los futuros duques de Sussex se encuentra a muy pocos metros del apartamento 1A, donde residen los duques de Cambridge, el príncipe Williams y su esposa Catherine. Este cuenta con 120 habitaciones, entre despachos, cuartos específicos para los niños y otras salas, e incluso tiene un jardín privado.

Sin embargo, la casa dentro del complejo residencial de Kensington, donde viven Meghan y Henry, cuenta con apenas 125 metros cuadrados, repartidos entre dos habitaciones, un pequeño salón, cocina y baño.

Princesas americanas. La californiana es la segunda mujer estadounidense que se casará con un miembro de la realeza anglosajona. Antes que ella, la primera fue la antigua duquesa de Windsor. Su nombre era Wallis Simpson y, al igual que Markle, también se había divorciado, pero en su caso en dos ocasiones antes del enlace.

En el caso de Wallis fue en 1936 cuando el rey Eduardo VIII de Inglaterra le propuso matrimonio. El monarca se vio obligado a abdicar por la crisis institucional provocada en aquellos años, debida a plantear un enlace con una mujer con dos exmaridos vivos.

Según el diario “ABC”, Simpson no era del agrado de los padres del rey Eduardo, especialmente, de la reina consorte María de Teck, a diferencia de Meghan que ya ha recibido el beneplácito de Isabel II.

Igualmente, la antigua duquesa de Windsor tampoco fue bien vista por los ciudadanos británicos, ni sentía especial interés por ellos, mientras que la futura esposa del príncipe Harry ha causado el efecto contrario, mostrándose siempre cercana con los que acuden a los actos de la monarquía.

Relación a distancia. La pareja se conoció por un amigo en común, al que prefieren mantener en el anonimato, según la entrevista que concedieron el mismo día de la publicación de su compromiso, el pasado mes de noviembre.

En un principio, la relación fue totalmente a distancia, porque ella estaba con la grabación de su papel como Rachel Elizabeth Zane, en Toronto (Canadá), y él con sus obligaciones como “royal”, pero afirman que disfrutaron de seis meses en la intimidad en los que pudieron conocerse bien y sin la presión de los focos.

Ninguno sabía, prácticamente, nada del otro cuando se conocieron, el hijo menor de lady Diana no había visto la serie que protagonizaba ella, pero la prometida no conocía tampoco, apenas, la vida del pequeño vástago del príncipe de Gales y la “Reina de Corazones”.

Sin embargo, hay quienes apuestan a que su amor será para siempre. Tanto es así que, según han publicado varios medios, se casarán sin firmar acuerdo prematrimonial, al igual que hicieron William y Kate, a pesar de que el patrimonio de él alcanza los 57 millones de dólares y el de la exactriz estadounidense es de 5.7 millones de dólares.

Feminismo y modernidad para la realeza. La futura “royal” no es solamente una actriz, sino que desde muy joven, con 11 años, ya reivindicaba los derechos por la igualdad de género.
La joven escribió a la entonces primera dama de Estados Unidos, Hillary Clinton, para que supiera que una marca de detergentes daba a entender en su eslogan que las mujeres deberían estar fregando y eso le parecía muy sexista. Finalmente, la marca cambio su publicidad para que no fuera así.

Markle es embajadora de la organización “World Vision”, al igual que lo fue la Princesa Diana. En 2015 dio un discurso en la ONU por el Día de la Mujer, en el que afirmaba sentirse orgullosa de ser mujer y feminista.

La exartista afirmaba también: “mi vida oscila entre campamentos de refugiados y alfombras rojas, pero elijo ambos mundos porque pueden coexistir y, para mí, deben hacerlo”.

Visitó Ruanda, país con mayor porcentaje de mujeres en su parlamento y también a las tropas norteamericanas cuando formaba parte del personal del Banco Mundial y del equipo de la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton.

Recuerdo eterno de Diana. Se espera, al igual que en la boda del Príncipe William con Kate, que Diana de Gales esté en la mente de los contrayentes y allegados.

Ambos hijos de la difunta princesa han querido siempre tenerla presente en los acontecimientos importantes de su vida, por eso la Duquesa de Cambridge se prometió y casó con el anillo de pedida de Diana.

Harry, según indica el diario británico The Sun, ha diseñado el anillo de Meghan basándose en tres piedras y sin olvidar a su madre: un diamante central y más grande que los laterales, recogido en Botsuana, uno de los lugares que visitaron como pareja, y los dos de los extremos son de la colección de Lady Di.

Henry ya rindió un homenaje particular a su madre el día de su compromiso haciendo la aparición oficial en el “White Garden” del Palacio de Kensington, un jardín que se hizo en honor al 20º aniversario de la muerte de la Princesa de Gales. Igualmente, Elton John, íntimo amigo de Diana, está confirmado como invitado al compromiso.

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