¡Dennos una tregua!

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En estos momentos en que arrecia el ataque del coronavirus en el país no es admisible que el liderazgo político agote sus energías en un debate sobre el futuro de las elecciones generales.

La prioridad, ahora mismo, es salvar a la gente, y lo que se impone es que los militantes de los partidos, con sus líderes a la cabeza, se conviertan en voluntarios consecuentes en esta batalla crucial por la sobrevivencia ciudadana.

Más tarde habrá tiempo para decidir cuál es el mejor momento, dentro de lo que establece la Constitución y las leyes, para dar continuidad al proceso de la alternabilidad democrática, que también es esencial para la institucionalidad del país.

Demasiado nos expusimos al celebrar las elecciones extraordinarias municipales del 15 de marzo, estando bajo el espectro de la pandemia, y ahí están los resultados: varios alcaldes electos y gentes de todos los partidos contagiados por el Covid-19.

Ningún factor que le reste unidad y armonía a la lucha contra el coronavirus es prudente en estas circunstancias, porque si los ciudadanos se mueren…  ¿a quiénes van a gobernar los políticos?

Tenemos que concentrar todas las energías de la nación en la supervivencia de la gente, no en la instrumentalización del pueblo en campañas políticas disfrazadas ni en gestos o acciones oportunistas en medio del luto, del dolor y la incertidumbre en que nos encontramos.

Los partidos cuentan, entre sus afiliados, con médicos y especialistas en manejo de organización de grupos que pueden articular acciones de apoyo a la lucha ciudadana para minimizar los daños de esta pandemia, echando a un lado toda actitud sectaria.

Es hora de compromiso con la defensa de la vida. Nos merecemos una tregua en el laborantismo político y una mayor cooperación ciudadana para afrontar los cruciales desafíos del presente.

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