El “año terrible”

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Si devastadora ha sido la carga de muertes del coronavirus, igual lo será para la economía la severa caída del comercio de exportación e importa­ción en este terrible año 2020.

Por lo tanto, el Gobierno que se inaugura den­tro de nueve días ya tiene por delante un hori­zonte sombrío que retará todas sus capacidades para manejar problemas gruesos y apremiantes al mismo tiempo.

Con una pronosticada caída de las exporta­ciones e importaciones del 23 por ciento, mu­cho mayor a la que padeció la América Latina y el Caribe en la crisis económica del 2009, nues­tra capacidad de recuperación está seriamente comprometida.

Las opciones más esperanzadoras que tiene el país reposan en dos campos: la agropecuaria y la minería.

La primera, debidamente fomentada con auxilios financieros y agresiva política de pro­moción en mercados externos, en razón del alto valor estratégico como fuente alimenticia, tiene más posibilidades de amortiguar la crisis.

La segunda, la minería, apoyada en la cre­ciente valoración del oro, que se estima podría alcanzar el precio de 2,400 dólares la onza troy, emergería como un seguro pilar de la economía generando recursos que alivien la caída de los ingresos externos.

Las prioridades, al menos, están definidas. El nuevo gobierno tendrá que lidiar en dos frentes acuciantes para evitar un índice mayor de des­empleo y pobreza, y otro de alta vulnerabilidad de la salud ciudadana.

De ahí la insistencia en que se promueva una Cumbre contra el Coronavirus, que sería el marco para que todos los sectores representativos del país, aborden al mismo tiempo ambas disyuntivas, pues están conectadas entre sí, y acuerden una estrate­gia unificada para enfrentarlas.

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