Ley de Partidos: distribución económica y democracia

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“El único modo de resolver los problemas es conociéndolos, saber que existen. El simplismo los cancela y, así los agrava”. (Giovanni Sartori).

Anteriormente decíamos “Los partidos políticos son a la democracia lo que la personalidad es al individuo, la familia es a la sociedad, lo que los puestos son a las empresas”. La dinámica social, la irrupción y emergencia de una nueva Era Civilizatoria, catalizada por la Revolución digital, cuestiona algunos de los postulados dados por ciertos durante decenios y decenios de años.

En muchos países, de lo que el nuestro no escapa, los partidos políticos en la praxis real, son organizaciones para acceder al poder y nada más. Violan de manera sempiterna lo que ellos mismos se dieron en el Congreso: la Ley 33-18 (Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos) y la Ley 15-19 (Ley Orgánica del Régimen Electoral). Los partidos nuestros son, en gran medida, negadores de la democracia tanto al interior de los mismos (ausencia de democracia interna) como en todo el cuerpo político-social-institucional. Son actores estratégicos de la sociedad (empresarios, medios de comunicación, iglesias, sindicatos), en fin, sociedad civil en general, quienes impulsan más denodadamente la democracia.

La fuerte recesión democrática, la poca valoración perceptual hacia la democracia auscultada por Latinobarómetro, la poca calidad de la democracia desvelada por el PNUD, son resultados de las acciones y decisiones de los partidos políticos a lo largo de los últimos 25 años. Al mismo tiempo que se cuenta con los actores estratégicos, pertinente es subrayar el grado y soporte de los niveles de las instituciones, que en gran medida es propiciado por los actores políticos y sociales; empero, los primeros desmayan y asumen agendas subalternas que obedecen a intereses particulares, personales, engrosados por los egos, desdibujando, desfigurando lo que ayer se pudo construir.

Lo más palpable es Donald Trump, su Partido Republicano quedó fosilizado, frisado, con una mudez aterradora, frente a los desmanes de un hombre mendaz, narcisista, con una profunda pobreza intelectual. El Partido en sí mismo no sirvió de límite. Operó para el seguimiento de la democracia estadounidense, todo el aparato institucional que en gran medida se constituye en la instrumentalización del andamiaje de toda la sociedad. Esto quiere decir que los partidos políticos, los actores políticos, crean, sin embargo, en tanto que puente y correa de transmisión de los actores sociales, se conexionan con los intereses de la comunidad, de determinados grupos sociales, de la sociedad en su conjunto. Esta última se convierte en el control, supervisión y válvula de los nuevos contextos y desafíos.

Hay tantos clichés, mitos, sofismas y simplezas que a veces de tanto repetirlos y a menudo, dependiendo de quién lo diga, los asumimos como buenos y válidos, no obstante, cuando lo sometemos al análisis factual, empírico, a la realidad, se caen como castillo de naipes o como los juegos con la arena cerca de las olas del mar. Prueba al canto: “El financiamiento a los partidos contribuye al fortalecimiento de la democracia y al desarrollo de los mismos”. ¡Una hipótesis que jamás se convertirá en teoría porque la realidad la desmadeja, la trituró!

Desde 1997 hasta ahora, esto es 24 años, cuando se creó la Ley 275-97 se está financiando a los partidos. Estos reciben aportes públicos y privados, sin control estos últimos. Doloroso es admitir que hoy los partidos están más fragmentados, menos fortalecidos y la democracia se encuentra en una falencia y devaneo que causa mareos permanentes y severos. La percepción hacia la democracia tiene una carga de 38, cuando hace 13 años tenía 73. También encontramos en el 2020 que no es el dinero lo que hace ganar elecciones. La prueba más vehemente, fehaciente, fue lo dicho por Danilo Medina “Estas han sido las elecciones más costosas. Esas encuestas no pueden ser reales, con lo que estamos haciendo para que nuestro candidato gane. Con los que están aquí, yo gano”.

Los partidos políticos de la sociedad dominicana, en su mayoría, de 26 alrededor de 20 están sufriendo de parálisis paradigmática, no ven lo que no se ajusta a su paradigma. No comprenden ni asimilan que cuando un paradigma cambia todo vuelve a cero. La Ley 33-18 de Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos es de agosto de 2018. Su aplicación es por primera vez que se realiza. La Junta Central Electoral en su Reglamento (01-2021), bien fundamentado, muy profesional, llegó a la conclusión de cuales partidos recibirían el 80% de los recursos públicos atendiendo al 5% de los votos válidos emitidos de acuerdo a la última elección, tal y como contempla el artículo 61 de la referida Ley.

Al mismo tiempo el órgano electoral tomó en cuenta los artículos 211, 212 y 209 de la Constitución, así como el artículo 93 de la Ley 15-19 del Régimen Electoral referido a LA PROCLAMA. Integró en su texto de Reglamento el artículo 50 de la Ley 189-05 del 18 de agosto de 2005 donde se estipula la distribución del financiamiento que constituye una modificación del artículo 50 de la que existía: Ley 275-97.

El 5 de julio de 2020 hubo una elección que abarcó tres niveles: Presidencial, Senatorial y Diputaciones. Es claro pues, que la Junta debió contemplar el promedio de los tres niveles para categorizar a los partidos y el financiamiento consecuente: 80% a los que sacaron 5% o más; 12% a los que sacaron entre 1 y 4 % de los votos válidos emitidos; y, 8% a los que obtuvieron entre 0.01 y 0.99. No pueden integrar las elecciones municipales porque no conforman parte de la última elección.

En la democracia y con ello en unas elecciones, lo más importante es el voto y los distintos niveles no cualifican calidad, pues esto sería discriminación. Lo que está haciendo la Fuerza del Pueblo es una exégesis antojadiza con una argumentación jurídica inteligente que no encuadra en la tesitura legal básica para el objetivo de la distribución a los partidos, como reza el artículo 61 de la Ley 33-18. La Fuerza del Pueblo elaboró una estrategia que le dio éxito: ser segunda mayoría en la Cámara Alta (Senado). Por eso no llevó casi candidatos al Senado para darle sus votos a los AGUACATES que luego se irían, tal y como sucedió. Sin embargo, eso le menguaría significativamente sus votos de manera general para el partido. El nivel presidencial: 233,538. El nivel senatorial: 141,836. Esto significa: 91,702 votos menos.

Para que el lector tenga una mirada lo más objetiva, veamos: Bautista Rojas Gómez que es de la Fuerza del Pueblo fue como Reformista en la provincia Hermanas Mirabal, por lo tanto, esos votos no se le sumaron a la gente de Leonel, se le sumaron al Partido Reformista.

Fuerza del Pueblo no llevó candidatos en San Juan, Pedernales, San Pedro, Moca, etc. etc. y esos votos, en consecuencia, no se le sumaron al partido. Ni legal ni legítimamente, la Fuerza del Pueblo estaría entre los partidos del 80% del financiamiento de los recursos públicos. Ahora bien, es claro que, desde el análisis cualitativo, esa organización se encuentra en una buena posición en el escenario de mayoría. La última Encuesta del Centro Económico del Cibao así lo refleja: PRM (51.1%). PLD (15.4%). FP (5.3%). PRSC (1.4%). PRD (1.3%). No sabe (1.0%). OTRO (0.4%). NINGUNO (24.1%).

Es desalentador, vergonzoso, para la calidad de la democracia ver como los partidos y actores de ellos “defienden” sus posturas sin mencionar para nada el Reglamento, sin señalar el proceso que se llevó a cabo. Vi varios políticos en distintos programas “argumentar” y me dio lástima. En El Nacional del lunes primero de febrero, 15 partidos depositaron recurso, a lo que tienen derecho, al recurso del principio de reconsideración y al recurso de revisión, tal y como contemplaron los miembros de la Junta en el Reglamento 01-2021.

La sociedad dominicana deberá abocarse a una amplia reflexión y decisión alrededor del Sistema de Partidos, de la cantidad que existen que no llegan ni siquiera a un 1% de los que votan en cada certamen electoral. De cómo ellos, en medio de las dos leyes (33-18 y 15-19), caracterizadas por la medianía, ni siquiera las cumplen. Ver el artículo 13 de la Ley 33-18 que habla de las atribuciones de los partidos políticos y el artículo 216 de la Constitución que aborda a los partidos políticos con tres numerales.

Si no queremos que la partidocracia nuestra sea cada vez más el enraizamiento de la plutocracia, debemos, como nos diría Rodrigo Borja en su Enciclopedia de la Política “Están llamados a desempeñar el papel de custodios de la estabilidad política y del respeto a las normas democráticas que deben regir la convivencia social”

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