Los Gigantes apuestan al pedigrí de Jesús Mejía para poner a la Lidom a pedir cacao

Llega a la gerencia duartiana con solo 31 años, pero con un enorme recorrido Los potros se han quedado fuera del round robin en las últimas dos temporadas

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La directiva de los Gigantes tenía serio interés en contratar a Félix Peguero (hijo del veterano escucha y ex jugador Pablo) para que estructure el equipo que vuelva a prender las luces del Julián Javier en enero tras dos años viendo la postemporada en la TV y tras no ponerse de acuerdo con el asistente de las Estrellas encontró en la misma Lidom un candidato de perfil muy similar.

Se trata de Jesús Mejía Armenteros, una contratación acorde con la tendencia de las oficinas de hoy: joven, convencido del valor de la sabermetría para evaluar talento y desarrollar estrategias y con la experiencia acumulada que augura no ser un invento improvisado con temor a asumir la enorme responsabilidad. En su cuenta en Twitter lo advierte: wOBA, FIP, de las estadísticas con las que Bill James transformó la forma de interpretar el juego.

Mejía no es un ex pelotero, pero lleva casi media vida metido entre los camerinos, oficinas y dondequiera que haya señales de un talento para el béisbol en la media isla. Tiene 31 años, pero antes de terminar la secundaria (en 2006 con 17 años) comenzó a escribir una columna en un diario digital con énfasis en estadísticas de última generación cuando estas tenían pocos adeptos y que detuvo cuatro años más tarde por su ocupada agenda.

Su talento prematuro convenció a un cerebro de la estatura de Moisés Alou en 2009, que lo reclutó cuando llegó a la gerencia del Escogido como su asistente, y fue parte de tres campeonatos con los rojos hasta que en 2014 hizo maletas para irse a La Romana, donde cerró su ciclo como asistente senior del gerente Raymond Abreu con el título nacional y la Serie del Caribe. En esa década fue parte importante de estructurar cuatro equipos campeones nacionales y dos del Caribe.

En el ínterin fue administrador de la academia de lo Toronto Blue Jays y scout de los Arizona Diamondbacks, a la vez que cursaba la carrera de derecho entre las universidades Iberoamericana y del Caribe, una profesión que quiso perseguir como plan B, como su padre, Vitelio Mejía Ortiz, actual presidente de la Lidom, pero con el béisbol como primera opción.

Su caso es el cada vez más común joven que respiraba béisbol sin las habilidades suficientes para que los escuchas le caigan detrás, pero que luchó por un hueco para ser parte del negocio. Sobran los ejemplos en las Grandes Ligas.

Mejía llega a la ciudad del Jaya donde esperan resultados inmediatos. La paciencia es corta en la Lidom y ocupará el lugar de Juan Mercado, quien a pesar de ser de confianza de la familia francomacorisana solo permaneció un año en el puesto.

Nombrar al dirigente en este entorno de incertidumbre en Estados Unidos será una de sus primeras tareas. El colombiano Luis Urueta le llega como recomendación.

Gerencias jóvenes

El nombramiento de Mejía confirma que en la liga las canas parecen tener los días contados, o reservados para hombres más que probados.

Cuando Manny Acta y Junior Noboa se junten en los sorteos de novatos y reingresos podrían sentirse viejos, si bien hasta hace pocos parecían hombres con un largo trayecto por recorrer en el béisbol.

Noboa, gerente del Licey, tiene 55 años y Acta, vicepresidente de las Estrellas, 51. Cuando llaman a los Toros le toma el teléfono Raymond Abreu, 47 años, si marcan a las Águilas lo levanta Ángel Ovalle, 36, y si es al Escogido lo atiende José Gómez, de 32.

Quilvio, el más joven del grupo

El récord de precocidad como gerente en la liga sigue en manos de Quilvio Hernández, que tenía apenas 22 años cuando en 1992 asumió el puesto con las Águilas Cibaeñas.

La juventud estuvo lejos de ser un impedimento para el joven ejecutivo, que llevó a sus Águilas a conquistar varios campeonatos en el béisbol otoño-invernal

Abreu era de 32 cuando Julio Hazim le asignó las tareas con los Leones en la campaña 2007-2008 y Fernando Ravelo recién cumplía los 37 años cuando el Licey le entregó las funciones antes de la campaña 2000-2001.

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